domingo, 24 de abril de 2011

LA HISTORIA DE TEMPLE GRANDIN

Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo: Conozca su historia

Una historia de esperanza y recuperación. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría.
Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría
Domingo, 24/04/2011 | 09:45 hs

Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría. Además, es doctora en zoología, profesora en la Colorado State University, lleva su propio negocio, escribe libros, ... Es un claro ejemplo de que, a veces, el autismo es una incapacidad que puede superarse si se reciben las ayudas adecuadas en la infancia.

Temple nació en 1947, una época en la que se sabía muy poco del autismo. El nacimiento fue normal, pero a los seis meses su madre empezó a notar que rechazaba los abrazos. Poco más tarde, se hizo evidente que la pequeña Temple no soportaba que la tocaran.

Su Sistema Nervioso era tan sensible que se sobreestimulaba no sólo al sentir la cercanía de alguien, sino al oír cualquier sonido. Al sonido de un teléfono o de un coche, reaccionaba con fuertes berrinches o golpeando cuanto estaba a su alcance. «Cuando era niña, los sonidos fuertes como la campana de la escuela herían mis oídos como el taladro de un dentista pegándole a un nervio», cuenta Temple. 

A los tres años, los médicos dijeron que tenía daño cerebral y sus padres contrataron a una institutriz con la que la niña realizaba ejercicios físicos y juegos repetitivos.

Cuando llegó al instituto, había aprendido a controlar un poco la ansiedad y el miedo constantes. Lo lograba encerrándose en sí misma y soñando despierta, pero a los otros niños les parecía fría y distante, y la daban de lado. Temple experimentó la soledad, el aislamiento y las burlas de sus compañeros.

A los 16 años, su madre insistió en que fuese a pasar unos días a la granja de ganado de su tío, en Arizona. Allí cambió su vida. Además de sentir una fuerte empatía hacia aquellos animales, se fijó en una máquina que se usaba para tranquilizar al ganado cuando venía el veterinario a explorarlos. Consistía en dos placas metálicas que comprimían a la res por los lados. La presión suave parecía relajarlos.

Temple visualizó un artilugio semejante para ella: una máquina de dar abrazos. Pensó que le proporcionaría el estímulo táctil que tanto necesitaba pero que no podía obtener porque no soportaba el contacto físico humano.

A la vuelta de aquellos días en la granja, entró en una escuela especial para niños dotados con problemas emocionales y sus profesores la animaron a que construyera la máquina. Por esa época, ya la habían diagnosticado con autismo y se sabía que Temple tenía memoria fotográfica.

Aprendió ingeniería mecánica y matemáticas, y salió adelante con su proyecto. La máquina permitiría a la persona que la usara controlar la duración y la intensidad del "abrazo" mecánico. Con este artilugio, Temple realizó experimentos que la animaron a ir a por un diploma a la Universidad. También se convirtió en parte de su propia terapia. La ayudaba a relajarse y le sirvió para empezar a sentir cierta empatía hacia los demás. Hoy hay clínicas para tratamiento de niños autistas que utilizan la máquina inventada por Temple. 
Temple Grandin tiene ahora 59 años y es una líder tanto en bienestar animal como entre la comunidad autista. Su empatía con los animales, en especial las vacas, han hecho que la multimillonaria industria ganadera de Estados Unidos confíe en ella para rediseñar la maquinaria de manejo del ganado en los mataderos. Temple dice que sabe cómo se sienten esos animales antes de morir, que sabe cómo piensan o lo que les da miedo. Por eso se dedica a hacer el último momento de su vida lo más agradable posible. 


Oliver Sacks dedicó un capítulo en "Un antropólogo en Marte" a la biografía de Temple. Su libro fue la primera narración sobre el autismo contada desde dentro. Hasta entonces, tanto médicos como familiares de autistas habían pensado que dentro de un autista no había nada. La autobiografía de Temple, publicada en 1986, asombró al mundo.
Después de un duro día de trabajo en una inspeción en los mataderos, o a la vuelta de uno de sus múltiples viajes o conferencias, Temple se retira a su casa, en Fort Collins, Colorado, y va directa a su máquina de dar abrazos. «Después de usar la máquina, tengo sueños más agradables», dijo en una entrevista para La American Radio Works, «Tengo esa bonita sensación de que te están abrazando». 

Grandin sigue sin aguantar que la toquen. «Daría un salto», dice. «Sería como tocar a un animal salvaje. Ya sabes, cuando tocas a un animal salvaje, haces que salte. Si alguien me tocara, me apartaría. Mi sistema nervioso reacciona cuando tengo miedo de la misma forma en la que lo hace el sistema nervioso de las vacas o de los caballos que sienten miedo». 

A día de hoy son muchas las clínicas especializadas en personas con hipersensibilidad que utilizan la máquina inventada por Temple Grandin para calmar sus efectos. Un estudio en 1995 llevado a cabo por el centro de estudios de autismo de Oregón demostró que la máquina de abrazos reduce notablemente la tensión y la ansiedad
HBO estrenó film sobre Temple Grandin 
Temple Grandin es una de las personas con autismo que mas ha contribuido en dar a conocer este trastorno desde el punto de vista de las personas que lo sufren, desde dentro, rebelándonos su propia percepción del mundo y sus sentimientos. Espero que esta película sirva para que el gran público conozca y comprenda más a estas personas. 

Las historias de la vida real se han convertido en terreno fértil para los telfilmes de HBO, cosechando premios, nominaciones y alabanzas de la crítica. Y la fábrica ya funciona en serie y con suficientes credenciales como para convocar a nombres como Al Pacino, Susan Saradon, Jessica Lange o Drew Barrymore a sus filas. Pero incluso con ese antecedente, la cinta biográfica Temple Grandin se convirtió en la sorpresa del año en el género para la cadena. 

El filme, protagonizado por Claire Danes (Romeo+Julieta, Las horas), debutó en febrero con poco aspaviento y bajo perfil, pero se convirtió inmediatamente en uno de los preferidos de la crítica. Y a principios de este mes confirmó su categoría como uno de los mejores telefilmes del año, al anotarse 15 nominaciones al Emmy, la misma cantidad que You don’t know Jack, que corría con el favoritismo desde el principio, gracias a su elenco encabezado por Al Pacino y Susan Sarandon, y la dirección de Barry Levinson (Rain man). 

Entre sus candidaturas se cuenta una mención para Danes como mejor actriz de telefilme o miniserie. Y no es para menos. La película aborda la historia de Temple Grandin, una afamada científico y activista con autismo, conocida principalmente por su trabajo en el trato misericordioso del ganado. Y Danes transforma todos sus gestos y postura para evocar la figura de Grandin, con el modo particular de comportarse que su autismo le da. "No podía creer cómo me intepretó. Fue como entrar en una extraña máquina del tiempo", dijo la misma Grandin sobre la actuación al sitio NJ.com. Y Danes contó que uno de los aspectos a los que más prestó atención fue a la manera "directa" de hablar que tenía la científico. "Era muy importante para mí el tenerla en mis oídos. Tenía una cinta de ejercicios de Temple en mi iPod", reveló. 

La película aprovecha su temática y la visión particular del mundo que tiene su protagonista para salirse del formato clásico de la biopic, lo que le da una intención más allá del recuento y la separa del resto. Así, el montaje incorpora una narrativa con flashbacks, elipsis y momentos casi oníricos, e incluye recursos visuales, como la insersión de rápidas secuencias imágenes o el uso del blanco y negro, que buscan dar cuenta de cómo funciona la mente de Grandin. Además, a pesar de que las vivencias de la heroína se prestaban para el sentimentalismo, el filme opta por un tono sobrio y contenido, pero que no le resta emoción. 

La crítica no ahorró elogios. "La belleza de Temple Grandin es que hace que el autismo de la protagonista resulte empático para cualquiera con corazón, y fascinante para cualquiera con cerebro", opinó Entertainment Weekly. Mientras que el Los Angeles Times apuntó: "Total y bellamente poco sentimental (...). Hay que sacarse el sombrero frente a HBO. Es difícil imaginar otra gente que daría el vamos a una cinta donde el momento de triunfo de su protagonista involucra el término matadero".