martes, 13 de diciembre de 2011

EQUINOTERAPIA

¿Doctor caballo?
Creer en animales con poderes “mágicos y curativos” es algo que nunca debería haber salido del campo de los cuentos infantiles y las fábulas. Alejandra García.


11/12/2011 00:01 | Alejandra García*

Las terapias con animales han irrumpido con fuerza en la Argentina, y tal vez la llamada “equinoterapia” es la que más suena y la que más de moda se ha puesto.

Sí, hablo de “modas”, ya que no podemos hablar de una terapia en el sentido estricto y real en que se define la palabra.

Una terapia es aquella cuyos resultados se pueden medir, comparar y repetir una vez replicados los patrones que marcan su aplicación para una correcta medición.

Sin embargo, no existe ni un solo estudio científico que demuestre y avale que el contacto con determinados animales pueda ser considerado una terapia.

Lo que sí existen son numerosas recomendaciones de expertos para que este tipo de contactos con animales no sea considerado una terapia, ya que se estaría ante una especie de fraude que hace perder dinero y tiempo a muchas familias que depositan su esperanza en estos métodos acientíficos.

Dentro de las terapias con animales, no sólo encontramos la “equinoterapia”.

En muchos países se están promocionando empresas que, en busca de un rédito comercial, proponen la terapia con delfines o “delfinoterapia” como tratamiento para niños con autismo, adultos con depresiones, etcétera.

No es casual que se haya escogido a dos especies animales que podemos considerar como carismáticas: caballos y delfines despiertan la simpatía de niños y adultos, lo que hace que estas falsas terapias hayan tenido una rápida aceptación casi sin cuestionamientos.

Qué sucede en una terapia con animales. El contacto directo con los animales, y más si estos pertenecen a las llamadas especies carismáticas, provoca una sensación de bienestar innegable.

Pero esta misma sensación de bienestar se siente en contacto con animales domésticos como perros y gatos, y la sienten tanto personas con problemas y patologías como personas totalmente sanas.

En el caso de los caballos, se trata de animales que se “contagian” del estado de ánimo del ser humano con el que están en contacto; los caballos son verdaderas esponjas a los que podemos calmar o poner nerviosos según cómo nos sintamos nosotros mismos al estar en contacto con ellos.

Esto quiere decir que, por un lado, no sabemos qué reacción tendrá el animal en contacto con la persona que se está tratando con “equinoterapia”, pero también significa que se estaría exponiendo a un potencial peligro al “paciente”, que podría alterar el estado de ánimo del animal y ponerse éste agresivo o a la defensiva.

Con respecto a los delfines, se han registrado accidentes durante la aplicación de “delfinoterapia”; en concreto, en Curaçao, Brasil, donde se mantienen delfines en cautividad para este negocio de terapias, la sesión se tuvo que interrumpir de manera abrupta dada la cantidad de niños heridos ante una reacción lógica del animal que, estando en cautiverio, además del estrés y sufrimiento que le provoca esa situación, se siente acosado por la presencia de humanos en su piscina.

Este caso ha sido documentado por la doctora Lori Marino, profesora del Programa de Neurociencia y Biología del Comportamiento de la Universidad de Emory (Estados Unidos) quien, por supuesto, se ha posicionado en contra de este tipo de prácticas por considerarlas fraudulentas.

Qué dicen las asociaciones de expertos. La página web de Autismo Buenos Aires (ABA) incluye un listado de terapias que no se deben considerar como tales y que se deben evitar, entre las que incluye la burroterapia, la equinoterapia y la delfinoterapia.

En el ámbito internacional, la Association for Science in Autism Treatment (Asat) recuerda que las terapias con animales no tienen base científica para ser reconocidas como eficaces en el tratamiento de niños y niñas con autismo. Mientras, un artículo publicado en la revista científica Scientific American recuerda que la terapia con animales no tiene ninguna base científica.

Entonces, ¿por qué hay personas que afirman que en su caso sí han funcionado estas mal llamadas terapias?

Pues se trata de lo que en medicina se llama efecto placebo, una técnica que permite verificar cómo nuestro cerebro se condiciona y siente una mejoría si cree que está tomando una medicina para su dolor, cuando está comiendo una simple pastilla de menta desconociendo que se trata de sólo un caramelo.

También existen personas que dicen que se han sentido mejor después de usar las pulseras Power Balance, cuya empresa fabricante acaba de ser penalizada con una multa de 57 millones de dólares por fraude.

Es decir: se hace perder dinero a las familias pero, por sobre todo, se les hace perder un tiempo precioso. Ambos recursos, tiempo y dinero, juegan en contra del paciente y de sus esperanzas.

Creer en animales con poderes “mágicos y curativos” es algo que no debería haber salido nunca del campo de los cuentos infantiles y fábulas, y mucho menos para entrar en el campo del lucro con la salud, algo del todo reprobable.

*Animalista, responsable de campañas de la Fundación Franz WebeR