miércoles, 6 de julio de 2011

GALICIA / ENTREVISTA A GONZALO GINER
«Existen síntomas del autismo que el caballo es capaz de neutralizar»
EDICIÓN IMPRESA
ABC Galicia
Veterinario, visitaba Galicia para curar a uno de sus animales favoritos, las vacas. Pero en «El jinete del silencio», Gonzalo Giner relata la aventura de Yago, un autista experto en caballos, en el fin del medievo
EVARISTO AMADO / SANTIAGO
Día 06/07/2011
M. A.
Giner, durante la entrevista en Santiago
—Uno de los puntos fuertes de la novela es que mucha gente va a enterarse de que el autismo no es una enfermedad, sino un trastorno, y otras cosas sobre la enfermedad.
—El espectro del autismo es bastante grande, con respecto a la gravedad y la forma en la que estos individuos trabajan con su propia mente. En la novela, el personaje principal, Yago,vive en el siglo XVI, una época en la que lo que él sufre, el síndrome conocido como Asperger, se desconocía.
—Los afectados por este síndrome tenían dotes especiales, como una especie de visión perfiférica...
—La gente no sabe que a veces estas personas tienen capacidades mentale hiperdesarrolladas, incluso en figuras muy conocidas. El director de cine Tim Burton está diagnositcado como Asperger; se sospecha que Bill Gates podría serlo, se sospecha... Y muchos artistas en general. Tiene una habilidad especial. Ven las imágenes completas, con todos los detalles. Si te digo «perro», tú ese concepto lo tienes como imagen abstracta, no ves un perro en concreto. Si ellos piensan en un perro, lo hacen en un perro concreto, con todas sus características cerradas: color, talla, peso.
Eso lo comparten con los animales. Los animales, en cierto modo, piensan también por imágenes. Asocian una imagen con una emoción simple: miedo, hambre... Esa asociación, en determinados afectados de Asperger, también se produce. De ahí la comunicación especial con los animales, entre un hombre y el caballo, es central en la novela.
M. A.
Giner, durante la entrevista en Santiago
—Uno de los puntos fuertes de la novela es que mucha gente va a enterarse de que el autismo no es una enfermedad, sino un trastorno, y otras cosas sobre la enfermedad.
—El espectro del autismo es bastante grande, con respecto a la gravedad y la forma en la que estos individuos trabajan con su propia mente. En la novela, el personaje principal, Yago,vive en el siglo XVI, una época en la que lo que él sufre, el síndrome conocido como Asperger, se desconocía.
—Los afectados por este síndrome tenían dotes especiales, como una especie de visión perfiférica...
—La gente no sabe que a veces estas personas tienen capacidades mentale hiperdesarrolladas, incluso en figuras muy conocidas. El director de cine Tim Burton está diagnositcado como Asperger; se sospecha que Bill Gates podría serlo, se sospecha... Y muchos artistas en general. Tiene una habilidad especial. Ven las imágenes completas, con todos los detalles. Si te digo «perro», tú ese concepto lo tienes como imagen abstracta, no ves un perro en concreto. Si ellos piensan en un perro, lo hacen en un perro concreto, con todas sus características cerradas: color, talla, peso.
Eso lo comparten con los animales. Los animales, en cierto modo, piensan también por imágenes. Asocian una imagen con una emoción simple: miedo, hambre... Esa asociación, en determinados afectados de Asperger, también se produce. De ahí la comunicación especial con los animales, entre un hombre y el caballo, es central en la novela.—Es esa buena relación con los animales la que reconduce la vida de Yago, y la salva nada más nacer.
—Sí. Me planteaba las dificultades que tendría Yago, que se aísla y vive en su mundo interior, en una etapa como aquella. Los tachaban de tontos, de endemoniados... Es una época compleja y difícil que recorre la novela. Un persona con defectos no era muy bien tratada. Será gracias a los caballos y a la música cuando Yago tendrá un posibilidad de comunicación. Esta es una novela de personaje en la que quiero hacer un reconocimiento, con todo el respeto del mundo, a la capacidad de superación de estas personas diferentes, que lo han tenido muy complicado.
—La aventura que emprende Luis, el terrateniente, de emprender la exportación de miles de caballos a América, ¿existió realmente?
—El mundo del caballo en América, y esto no lo digo yo sino los historiadores, fue determinante. El efecto del caballo en los indios fue tremendo. Nunca los habían visto. Todas las razas de caballos americanas, de Chile a Estados Unidos, son todos de origen español, salvos algunas razas francesas. Los mustang son de origen español, no americanos. Al final de la Edad Media se montaron rutas de exportación porque los conquistadores vieron que el efecto era contundente: los nativos creían que eran dioses montados en animales. Incluso al principio creían que era un único ser, una especie de dios. Se entregaron muy fácilmente. A partir de ahí se monta un sistema logístico, muy complicado, para enviar caballos en pequeñas naves. Los transportaban balanceándose en unas cintas atadas a maderos. A partir de ahí, van surgiendo criaderos en las islas, que sirven de base logística.
—La empresa se extiende a Italia, y allí va Yago.
—En Italia se creó la primera escuela de equitación del mundo. Cambia el mundo, la nobleza deja las guerras, monta sus palacios y se acerca a la cultura, el arte... No abadonan el caballo, sino que según se tansforma el caballero, cambia el caballo. No se quiere el caballo grande, máquina de guerra. Y se siguen las tendencias artísticas: se buscan caballos con formas rectas, como los edificios. También comienzan a mejorarse las razas, a través de los cruces, en función de las necesidades de uso y el carácter del animal. Eso empezó en el Renacimiento y continúa hoy: la genética se dirige a los gustos y necesidades del que lo va a usar.—¿Qué caballo es su debilidad?
—El cartujano. Son como una pieza de arte, un residuo de una obra que se creó hace quinientos años. Tienen una genética continuada de la que solo se pierde un poco el rastro en la época napoleónica. Incluso ahora tienen problemas de cosanguinidad, porque se ha querido mantener tan pura que están demasiado cruzados entre sí. Históricamente, ha habido dos tipos de caballos, dos grandes troncos: uno era el caballo celta, el que se ve aquí en la rapa de las bestas. Son fuertes, poderosos, potentes. En la parte del Sur son más altos, esbeltos...
—En Galicia existen ya fundaciones que desarrollan programas de hipoterapia. ¿Conoce alguna?
—No conozo los casos gallegos. Sí otros, que están cobrando bastante importancia, sobre todo con algunos síndromes del trastorno autista, que funcionan muy bien. No solo con ellos... También hay muhas terapias con niños que han tenido problemas de movilidad y posturales, sobre todo en la columna. Cuando montas a caballo, el paso del animal produce movimiento de su cuerpo en todas las direcciones. Si mantienes el equilibrio sobre el animal, ese movimiento crea una estimulación muy favorable. Esos movimientos son los que se explotan para mejorar necesidades que puede tener el paciente.
—¿En qué beneficia a los autistas?
—En el caso de los autistas, su ventaja es que el caballo neutraliza uno de los síntomas del síndrome, que es la hipersensibilidad en el sistema periférico. Encima del caballo pueden hacer cosas que no harían nunca antes. Se concentran mejor, atienden mejor, se comunican mejor. Funciona muy bien.