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martes, 29 de noviembre de 2011

PABLO PINEDA PROMOTOR DE EMPLEO

 
PABLO PINEDA DICE QUE LOS DISCAPACITADOS PSÍQUICOS TIENEN MÀS PROBLEMAS PARA ENCONTRAR EMPLEO
 
El malagueño Pablo Pineda, conocido por su faceta de actor, y sobre todo por ser el primer síndrome de Down de Europa con carrera universitaria, ofreció ayer en Mijas una charla en la que habló sin tapujos sobre cómo los discapacitados pueden ser eficaces en el trabajo. El acto se enmarca en las actividades formativas transversales que recibe el alumnado del centro formativo CIOMIJAS, se encuentran los seminarios de atención al cliente con necesidades especiales.
Su profesión, con la Fundación Adecco, es el asesoramiento, principalmente a empresas pero también a asociaciones y centros de formación, sobre cuestiones de empleabilidad con personas discapacitadas. Aunque reconoce que en las últimas décadas se ha avanzado mucho, en su discurso Pineda destacó que todavía «es más difícil encontrar un empleo para alguien que tiene problemas psíquicos que físicos». En este sentido, aseguraba que «la mayoría de las entidades mejoran la accesibilidad, colocando una rampa por ejemplo, pero mantienen el prejuicio social que todavía causa contratar una persona con síndrome de Down».
«Todos somos integrables»
Pineda transmite una idea básica: «todos somos integrables, de una u otra forma dependiendo de sus circunstancias». En este sentido, no solo anima a las empresas a que contraten empleados con discapacidad psíquica «que ya hemos demostrado tener talento para muchas profesiones»; también recomienda a los familiares que «den la mayor autonomía posible». Para las asociaciones también tiene un consejo: «adaptarse a las necesidades de las personas; la labor que hacen es buena pero no es suficiente».

PERSONAS SÍMBOLO????

El País semanal


REPORTAJE: 2003 - UN SÍMBOLO DE INTEGRACIÓN
Maestro Pineda

SOL ALAMEDA 27/11/2011
 
El rostro y el discurso de Pablo Pineda, el único diplomado universitario con síndrome de Down en España, removió, desde nuestra portada, a una sociedad que pone etiquetas y cercena las posibilidades de las personas con discapacidad.

Cuando nació, hace 29 años, a sus padres les dijeron que nunca podría aprender, excepto lo más sencillo. Hoy es diplomado en Magisterio y pronto se licenciará en Psicopedagogía por la Universidad de Málaga. Y ha empezado a trabajar en el área de bienestar social del Ayuntamiento de esa ciudad, que es la suya. Ciertamente, Pablo Pineda es la única persona con síndrome de Down, en toda Europa, que ha llegado tan lejos; una excepción, casi un milagro. Tal vez una esperanza para cierto número de padres que, angustiados, se preguntan qué porvenir les espera a sus hijos que, como Pablo, han nacido con un fallo genético. En esta entrevista, Pablo envía un mensaje a sus iguales, y a los padres de esos niños, a los profesores y a la sociedad entera. Sabe lo que dice: ha convertido su difícil vida, marcada por una categoría (...), en una experiencia singular a base de esfuerzo, de aguante, de buscar los caminos más idóneos; en un transcurrir lleno de satisfacciones conseguidas a pulso y una a una. La verdad es que si Pablo Pineda es una excepción, él no quiere serlo; no quiere estar solo, ni que le señalen con el dedo. Y si no para de hacer entrevistas, de salir por televisión, es porque todo lo hace para ayudar al colectivo del que se ha convertido en una bandera.

"A los 21 años me entero de lo que es esta discapacidad. Cuando empecé a leer en los libros, me dije: yo no soy así"

"Te etiquetan y de ahí no sales. Lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer"

Creo que está muy acostumbrado a las entrevistas. Mucho. Al principio me chocaba, porque veía mi vida tan normal, tan fuera de interés. ¿Y qué he hecho yo de extraordinario? Aunque la primera noticia de que era síndrome de Down la tuve a los seis o siete años. Un profesor de universidad que llevaba el Proyecto Roma, don Miguel García Melero, en el despacho del director me preguntó: "¿Tú sabes que eres síndrome de Down?". Yo, inocentemente, le dije que sí, aunque no tenía ni idea. Él lo notó y se puso a explicarme qué era eso (...). Y yo, como a todo le saco punta y tengo esa agudeza mental, le dije: "Don Miguel, ¿soy tonto?".

¿Por qué se lo preguntó? No sé. Es difícil saberlo. Quizá si a los seis años te asocian con un síndrome, tú lo asocias a ser tonto o no. Él me dijo que no era tonto, y le pregunté: "¿Y voy a poder seguir estudiando?". Él me dijo: "Sí, por supuesto". Luego comenzó el proceso de la calle; los niños empezaron a decirme: "Pobrecito, está malito". Y yo me enfurruñaba, porque no estaba enfermo.

Pero sí veía que su cara era distinta. Eso sí. Que tenía los ojos más alargados, que las manos no eran iguales. No había visto a otros niños con síndrome, pero quizá tenía la mosca detrás de la oreja. En casa le pregunté a mi madre: ¿Es verdad que soy síndrome de Down? (...) Y volví a hacer la misma pregunta: "¿Puedo seguir estudiando?". "Claro", dijeron, "sin problemas". Estaba muy a gusto en el colegio, con mis compañeros. Luego, durante un tiempo, no tuve interés de saber más; hasta que empecé a estudiar la carrera de Magisterio, a los 21 años, al tocar el campo de la educación especial: ahí es cuando me entero de lo que es esta discapacidad. Aunque, al describirla, los libros hablaban de que era una enfermedad y de la cultura del déficit, de todos los problemas que tienen. Muy negativo. Y cuando empecé a leerlo, me dije: yo no soy así.

Pensó que era un síndrome de Down un poco especial? Exactamente. También pensé (...) que otros muchos síndromes de Down que ya conocía tampoco eran como los describían los libros. La literatura nos pone peor de lo que somos, y nos aparta. (...)

¿Pensó que era un síndrome de Down un poco especial? Exactamente. También pensé (...) que otros muchos síndromes de Down que ya conocía tampoco eran como los describían los libros. La literatura nos pone peor de lo que somos, y nos aparta. (...)

¿Y cuándo se aceptó del todo? Pronto. He dado conferencias, y en una de ellas, cuando tenía 14 años, una señora me preguntó si me haría la cirugía estética para cambiar los rasgos de mi cara. Y le dije: "No, lo tengo a mucha honra". Y luego: "¿Es que no te gusta como soy?". Yo he sido muy exigente conmigo mismo. (...)

En realidad, su vida debe de ser difícil, necesita ser un buen guerrero para llevarla. Sí que es duro, más que nada porque siempre tienes que estar demostrando que puedes. (...) Es muy cansado, te hartas. A veces piensas que los prejuicios han disminuido, pero es que están más soterrados. (...)

¿Sus padres le han empujado a que hiciera usted las cosas, consultaron a los médicos cuando era pequeño? Cuando empezamos, más que consultar a los médicos, eran ellos los que decían a los médicos qué había que hacer. Ellos decían: este niño no podrá aprender más que las cosas más sencillas, y mis padres no les hacían caso: tu ocúpate de las amígdalas, que yo me ocupo de su educación. Nunca creyeron que no podría aprender. (...) Mis padres siempre han pensado que yo debía ser autónomo y me han educado para ello. (...)

Leía el otro día en un libro que ser Down, como sucede con otras cosas, le coloca a uno en una categoría que pesa mucho más que las potencialidades que se tengan, los talentos que pueda tener. Te etiquetan y de ahí no sales. Toda la vida voy a llevarlo encima. Así como a David Bisbal le llaman el triunfito, a mí me llaman el síndrome de Down. Hay consuelos (...), yo veo que en el trabajo me consideran útil, y eso me gusta. Pero lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer, que lo vean a través de lo que yo hago. Claro que esto solo se puede entender si a uno le importan los demás, si eres progresista. (...)


Doctorado en cine

Tras la pista. El maestro Pineda, de nombre Pablo, primer universitario con síndrome de Down de Europa, tiene hoy 37 años, sigue viviendo en Málaga, en casa de sus padres, igual que sigue escuchando Los 40 principales. Se diplomó en Magisterio, pero no llegó a licenciarse en Psicopedagogía. Le quedaron cuatro asignaturas y las fue abandonando poco a poco, mientras preparaba el asalto a una trinchera inesperada y quizá aún mayor: el cine.

Concha de plata. En 2009 interpretó con éxito apabullante a un trasunto de sí mismo en la película Yo, también, junto a la actriz Lola Dueñas, rol por el que se le concedió la Concha de Plata a la mejor interpretación en el Festival de Cine de San Sebastián, y por el que fue candidato al Goya al mejor actor revelación.

Integración. Su caso abrió una cuña, pero los muros persisten: sigue siendo el único español con síndrome de Down (hay unos 34.000 en España) en posesión de un título universitario. Y solo un 5% de aquellos en edad de trabajar tiene empleo.

Su lucha. Ocho años después de que saliera su rostro en nuestra portada -"guardo la revista como oro en paño"-, Pineda se dedica a impartir conferencias y a batallar por sus semejantes. "He viajado a Bélgica y cruzado el océano hasta Colombia", dice. Para que los directivos de Endesa, Mapfre o Bancaja vean en su rostro el salto posible. "Les impresiono, se quedan descolocados". Un proyecto alicantino que lleva su nombre ha impulsado la contratación de 42 personas con discapacidad en empresas privadas.

domingo, 24 de abril de 2011

LA HISTORIA DE TEMPLE GRANDIN

Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo: Conozca su historia

Una historia de esperanza y recuperación. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría.
Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría
Domingo, 24/04/2011 | 09:45 hs

Temple Grandin es autista, quizás la más famosa del mundo. Piensa, siente y experimenta el mundo de una forma que es incomprensible para la mayoría. Además, es doctora en zoología, profesora en la Colorado State University, lleva su propio negocio, escribe libros, ... Es un claro ejemplo de que, a veces, el autismo es una incapacidad que puede superarse si se reciben las ayudas adecuadas en la infancia.

Temple nació en 1947, una época en la que se sabía muy poco del autismo. El nacimiento fue normal, pero a los seis meses su madre empezó a notar que rechazaba los abrazos. Poco más tarde, se hizo evidente que la pequeña Temple no soportaba que la tocaran.

Su Sistema Nervioso era tan sensible que se sobreestimulaba no sólo al sentir la cercanía de alguien, sino al oír cualquier sonido. Al sonido de un teléfono o de un coche, reaccionaba con fuertes berrinches o golpeando cuanto estaba a su alcance. «Cuando era niña, los sonidos fuertes como la campana de la escuela herían mis oídos como el taladro de un dentista pegándole a un nervio», cuenta Temple. 

A los tres años, los médicos dijeron que tenía daño cerebral y sus padres contrataron a una institutriz con la que la niña realizaba ejercicios físicos y juegos repetitivos.

Cuando llegó al instituto, había aprendido a controlar un poco la ansiedad y el miedo constantes. Lo lograba encerrándose en sí misma y soñando despierta, pero a los otros niños les parecía fría y distante, y la daban de lado. Temple experimentó la soledad, el aislamiento y las burlas de sus compañeros.

A los 16 años, su madre insistió en que fuese a pasar unos días a la granja de ganado de su tío, en Arizona. Allí cambió su vida. Además de sentir una fuerte empatía hacia aquellos animales, se fijó en una máquina que se usaba para tranquilizar al ganado cuando venía el veterinario a explorarlos. Consistía en dos placas metálicas que comprimían a la res por los lados. La presión suave parecía relajarlos.

Temple visualizó un artilugio semejante para ella: una máquina de dar abrazos. Pensó que le proporcionaría el estímulo táctil que tanto necesitaba pero que no podía obtener porque no soportaba el contacto físico humano.

A la vuelta de aquellos días en la granja, entró en una escuela especial para niños dotados con problemas emocionales y sus profesores la animaron a que construyera la máquina. Por esa época, ya la habían diagnosticado con autismo y se sabía que Temple tenía memoria fotográfica.

Aprendió ingeniería mecánica y matemáticas, y salió adelante con su proyecto. La máquina permitiría a la persona que la usara controlar la duración y la intensidad del "abrazo" mecánico. Con este artilugio, Temple realizó experimentos que la animaron a ir a por un diploma a la Universidad. También se convirtió en parte de su propia terapia. La ayudaba a relajarse y le sirvió para empezar a sentir cierta empatía hacia los demás. Hoy hay clínicas para tratamiento de niños autistas que utilizan la máquina inventada por Temple. 
Temple Grandin tiene ahora 59 años y es una líder tanto en bienestar animal como entre la comunidad autista. Su empatía con los animales, en especial las vacas, han hecho que la multimillonaria industria ganadera de Estados Unidos confíe en ella para rediseñar la maquinaria de manejo del ganado en los mataderos. Temple dice que sabe cómo se sienten esos animales antes de morir, que sabe cómo piensan o lo que les da miedo. Por eso se dedica a hacer el último momento de su vida lo más agradable posible. 


Oliver Sacks dedicó un capítulo en "Un antropólogo en Marte" a la biografía de Temple. Su libro fue la primera narración sobre el autismo contada desde dentro. Hasta entonces, tanto médicos como familiares de autistas habían pensado que dentro de un autista no había nada. La autobiografía de Temple, publicada en 1986, asombró al mundo.
Después de un duro día de trabajo en una inspeción en los mataderos, o a la vuelta de uno de sus múltiples viajes o conferencias, Temple se retira a su casa, en Fort Collins, Colorado, y va directa a su máquina de dar abrazos. «Después de usar la máquina, tengo sueños más agradables», dijo en una entrevista para La American Radio Works, «Tengo esa bonita sensación de que te están abrazando». 

Grandin sigue sin aguantar que la toquen. «Daría un salto», dice. «Sería como tocar a un animal salvaje. Ya sabes, cuando tocas a un animal salvaje, haces que salte. Si alguien me tocara, me apartaría. Mi sistema nervioso reacciona cuando tengo miedo de la misma forma en la que lo hace el sistema nervioso de las vacas o de los caballos que sienten miedo». 

A día de hoy son muchas las clínicas especializadas en personas con hipersensibilidad que utilizan la máquina inventada por Temple Grandin para calmar sus efectos. Un estudio en 1995 llevado a cabo por el centro de estudios de autismo de Oregón demostró que la máquina de abrazos reduce notablemente la tensión y la ansiedad
HBO estrenó film sobre Temple Grandin 
Temple Grandin es una de las personas con autismo que mas ha contribuido en dar a conocer este trastorno desde el punto de vista de las personas que lo sufren, desde dentro, rebelándonos su propia percepción del mundo y sus sentimientos. Espero que esta película sirva para que el gran público conozca y comprenda más a estas personas. 

Las historias de la vida real se han convertido en terreno fértil para los telfilmes de HBO, cosechando premios, nominaciones y alabanzas de la crítica. Y la fábrica ya funciona en serie y con suficientes credenciales como para convocar a nombres como Al Pacino, Susan Saradon, Jessica Lange o Drew Barrymore a sus filas. Pero incluso con ese antecedente, la cinta biográfica Temple Grandin se convirtió en la sorpresa del año en el género para la cadena. 

El filme, protagonizado por Claire Danes (Romeo+Julieta, Las horas), debutó en febrero con poco aspaviento y bajo perfil, pero se convirtió inmediatamente en uno de los preferidos de la crítica. Y a principios de este mes confirmó su categoría como uno de los mejores telefilmes del año, al anotarse 15 nominaciones al Emmy, la misma cantidad que You don’t know Jack, que corría con el favoritismo desde el principio, gracias a su elenco encabezado por Al Pacino y Susan Sarandon, y la dirección de Barry Levinson (Rain man). 

Entre sus candidaturas se cuenta una mención para Danes como mejor actriz de telefilme o miniserie. Y no es para menos. La película aborda la historia de Temple Grandin, una afamada científico y activista con autismo, conocida principalmente por su trabajo en el trato misericordioso del ganado. Y Danes transforma todos sus gestos y postura para evocar la figura de Grandin, con el modo particular de comportarse que su autismo le da. "No podía creer cómo me intepretó. Fue como entrar en una extraña máquina del tiempo", dijo la misma Grandin sobre la actuación al sitio NJ.com. Y Danes contó que uno de los aspectos a los que más prestó atención fue a la manera "directa" de hablar que tenía la científico. "Era muy importante para mí el tenerla en mis oídos. Tenía una cinta de ejercicios de Temple en mi iPod", reveló. 

La película aprovecha su temática y la visión particular del mundo que tiene su protagonista para salirse del formato clásico de la biopic, lo que le da una intención más allá del recuento y la separa del resto. Así, el montaje incorpora una narrativa con flashbacks, elipsis y momentos casi oníricos, e incluye recursos visuales, como la insersión de rápidas secuencias imágenes o el uso del blanco y negro, que buscan dar cuenta de cómo funciona la mente de Grandin. Además, a pesar de que las vivencias de la heroína se prestaban para el sentimentalismo, el filme opta por un tono sobrio y contenido, pero que no le resta emoción. 

La crítica no ahorró elogios. "La belleza de Temple Grandin es que hace que el autismo de la protagonista resulte empático para cualquiera con corazón, y fascinante para cualquiera con cerebro", opinó Entertainment Weekly. Mientras que el Los Angeles Times apuntó: "Total y bellamente poco sentimental (...). Hay que sacarse el sombrero frente a HBO. Es difícil imaginar otra gente que daría el vamos a una cinta donde el momento de triunfo de su protagonista involucra el término matadero". 

viernes, 8 de abril de 2011

LA DISCAPACIDAD TE REINVENTA

Pablo Pineda: “He convertido mi discapacidad en un sí, puedo”
ACTUALIDAD — ABRIL 6, 2011 | 15:09
 “Es más fácil estudiar una carrera que convencer a la sociedad de que las personas con síndrome de Down podemos hacer una vida normal, por eso he convertido mi discapacidad en un sí, puedo”. Así lo ha asegurado Pablo Pineda ante casi 1.300 jóvenes en el primer Congreso de Jóvenes ‘Lo que de verdad importa’, celebrado en Palma, bajo la presidencia de honor de Rafa Nadal.

Pineda es el primer europeo con síndrome de Down que obtuvo una carrera universitaria y que, además, consiguió el año pasado la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián por su interpretación en la película ‘Yo, también’.

En este sentido, ha explicado que el mayor obstáculo al que debe enfrentarse una persona con síndrome de Down es la incomprensión de la sociedad que “no entiende nuestro lenguaje, deseos, necesidades y preocupaciones”. En su opinión, “no se suele pensar que las personas con discapacidad tenemos el mismo interior y la incomprensión nos lleva a la soledad”.


Este psicopedagogo se declara inconformista, con afán de superación en todo momento, “siempre quiero más y nunca me doy por vencido porque tengo un gran espíritu de lucha”, asevera. “Creo que con optimismo me puedo enfrentar a cualquier reto”.

Durante su intervención, ha destacado el poder que tienen los jóvenes. “Somos la piedra del futuro, por lo que tenemos que luchar contra las injusticias, unirnos y conseguirlo”. “Me gusta participar en este Congreso por poder compartir mis experiencias con jóvenes con valores”, ya que “tenemos la oportunidad de hacer que este mundo sea mucho mejor y para eso nos tenemos que esforzar por conseguirlo”, ha continuado.

Pineda defiende la normalidad y lucha para que todas las personas con discapacidad intelectual se integren en la sociedad. Así, habla de la superación en este campo y asegura que “nadie debe conformarse con saber, sino que debe siempre querer saber más”.

Sus padres le criaron como a un hijo más, no como a una persona con discapacidad. Según Pineda, “así se comienza la lucha, con esfuerzo y superación”, ya que “las personas con discapacidad estamos ahí aunque no se nos vea lo suficiente y debemos recordar que la iversidad es buena y la homogeneidad aburre”.

En este sentido, ha asegurado que “está demostrado que las personas con discapacidad somos competentes, pero es necesario que estas personas sepan que pueden hacer lo que se propongan y la familia debe dar su apoyo”.

No me gusta el término discapacitado porque “todos tenemos alguna discapacidad, algún sueño u objetivo inalcanzable”. Sin embargo, para Pineda las palabras tan sólo son palabras y lo realmente importante no es el lenguaje que se utilice, sino la actitud en el trato hacia estas personas. Hay que cambiar la mentalidad, asegura, “ahora sobran las palabras y falta actitud”.

Sobre su futuro, Pineda ha asegurado que le gustaría ejercer de profesor, “mi futuro no está en el cine”, asevera, “la fama es algo volátil y no quiero vivir del éxito sino ser útil y trabajar como cualquiera y luchar por lo que creo”.

“Mi labor culminará cuando el síndrome de Down no sea noticia porque se haya normalizado y tenemos los mismos derechos”, ha concluido.

La idea original de este encuentro surgió hace cuatro años, cuando llegó a manos de María Franco, presidenta de la Fundación Lo que de verdad importa, el diario personal donde Nicholas Forstmann, enfermo de cáncer, escribió sus últimas reflexiones sobre las cosas que de verdad importan en la vida.